Nuestras fincas representan dos formas de cultivar el olivo que, aunque diferentes, comparten un mismo objetivo: obtener un aceite de oliva virgen extra de la máxima calidad, respetando el entorno y poniendo en valor las características únicas de cada variedad.
Por un lado, contamos con una finca de cultivo intensivo de la variedad Todolivo I-15P, un cruce de las variedades Arbosana I-43 y Koroneiki I-38. Se trata de una plantación moderna diseñada para optimizar el aprovechamiento del terreno y garantizar un manejo preciso de cada árbol. Los olivos, cultivados con riego localizado y una gestión agronómica cuidadosamente planificada, presentan una estructura uniforme que favorece una excelente aireación y una iluminación homogénea de la copa. La elevada carga de fruto que alcanzan cada campaña es el resultado de un seguimiento constante del cultivo, donde cada decisión, desde la nutrición hasta el riego, está orientada a obtener aceitunas sanas y en su punto óptimo de maduración.

La variedad Todolivo I-15P es sencillamente espectacular para el consumidor ya que destaca por ofrecer un aceite de extraordinaria estabilidad, gracias a su elevado contenido en polifenoles y ácido oleico. El resultado es un aceite de oliva virgen extra intenso y equilibrado, con un frutado verde muy marcado, notas de hierba recién cortada, hoja de olivo y tomate, acompañado de un amargor y un picante armónicos que reflejan su riqueza en antioxidantes naturales. Se trata de un aceite especialmente apreciado por su alto contenido en polifenoles y frescura, su complejidad aromática y su excelente conservación a lo largo del tiempo.

Junto a esta finca moderna, conservamos nuestros olivares tradicionales de la variedad Serrana, árboles centenarios que forman parte del paisaje y de la historia de nuestra tierra. Situados en un entorno natural de montaña, estos olivos crecen sobre terrenos de mayor pendiente y rodeados de vegetación mediterránea, desarrollando con el paso de los años troncos robustos y copas amplias que reflejan décadas de adaptación al medio. Su cultivo requiere un trabajo más artesanal y respetuoso, con podas cuidadosas y una recolección que prioriza siempre el estado óptimo del fruto.
La aceituna Serrana, autóctona del interior de la Comunidad Valenciana, produce un aceite de gran personalidad y fuerte vínculo con el territorio. Destaca por su perfil aromático fresco y elegante, con recuerdos a almendra verde, manzana, hierbas mediterráneas y ligeros matices de higuera y monte bajo. En boca ofrece una entrada suave y equilibrada, con un amargor moderado y un picante progresivo que aporta frescura sin resultar agresivo. Es un aceite muy versátil, de gran complejidad sensorial y especialmente valorado por quienes buscan sabores auténticos y ligados al paisaje mediterráneo.

La convivencia de ambos modelos de cultivo nos permite unir innovación y tradición. La eficiencia y precisión de la plantación intensiva se complementan con el valor patrimonial y paisajístico de los olivares tradicionales, demostrando que la excelencia no depende únicamente del sistema de cultivo, sino del cuidado que recibe cada árbol durante todo el año. De esta manera, cada botella nace del equilibrio entre la experiencia acumulada durante generaciones y una agricultura moderna basada en el conocimiento, el respeto por la naturaleza y la búsqueda constante de la máxima calidad. Cada aceite expresa el carácter de la variedad de la que procede y el entorno en el que ha sido cultivada, ofreciendo al consumidor dos formas diferentes de disfrutar de un auténtico aceite de oliva virgen extra.
